12 de setiembre de 2026
El archivo corresponde a la transcripción de un programa radial emitido el sábado 12 de septiembre en Radio Vilardevoz, en el marco de una entrevista a Taniamara Kozub, autora del libro «Suiza de América, democracia directa y salud mental».
A partir de la página 6 comienza la entrevista propiamente dicha. Taniamara Kozub es presentada como autora del libro «Suiza de América, democracia directa y salud mental». Se agradece la invitación y se felicita el trabajo realizado. Se menciona que la situación en Sudamérica está “bastante movida y jodida”. La entrevistadora le pregunta sobre el “máster en humanidad” que figura en la contratapa del libro. Tania responde que en una sociedad donde sin título pareces no ser nadie, las experiencias de vida a veces son más importantes que los títulos, y que se puede aportar mucho desde ese lugar. Aclara que no descalifica lo técnico o universitario, pero que no es solo eso: todos somos piezas desde distintos lugares. Menciona a una compañera, Alba, “licenciada en la locura, grado 22”.
El libro está basado en sus experiencias y aprendizajes de vida. Tania explica que el relato inicial habla del país y de la Constitución, y que la introducción es un llamado a hacerse responsable primero como individuo, estar bien y fuerte, para después pasar al colectivo y cambiar entre todos las cosas sociales que se quieren cambiar. En su caso, esa acción de hacerse responsable es lo que hace que hoy esté en la radio y no encerrada en un manicomio. Cuenta que, si bien hubo recomendaciones médicas por problemas de salud mental, ella decidió indagar, buscar respuestas por sí misma y no dejar que otras personas decidieran por ella. Hubo episodios llamados de “enfermedad crónica” según un manual, pero ella decidió ver de qué se trataba y decidir sabiendo que su verdad era su verdad y que nadie puede decidir sobre lo que ella dice o piensa.
Se menciona una charla del miércoles con la comunidad plena, donde se habló de que en los manicomios deciden por vos: qué ponerte, qué comer, a qué hora dormir, con quién hablar, hasta cómo hablar. Tania reflexiona sobre no creer ciegamente en lo que dice un médico o cualquier persona, y sobre la importancia de investigar y trabajar primero con uno mismo. Eso la llevó a no estar internada hoy. Cuenta que cuando cayó internada un par de veces, la primera fue por un episodio de psicosis real, donde pensaba que la perseguían. Pero el relato y lo que decía era verdad para ella, aunque le dijeran que estaba loca, la internaran y la medicaran. Nunca dejó de creer en sí misma y en lo que pensaba. A partir de ahí empezó la búsqueda: ese evento que le pasó era real porque era su experiencia y nadie podía opinar porque no lo vivió. Critica que los médicos no entienden que las personas con diferentes situaciones sienten y les pasan cosas que no se solucionan con una pastilla o un encierro, y que deberían ponerse en un lugar más humano. Otra persona acota que la realidad, cuando es hablada por los demás y no a través de nuestras propias palabras, no es entendida ni escuchada. Cuando caes en un centro de salud mental, se supone que sos un loco y tu palabra ya está desacreditada. Taniamara plantea en el libro: ¿quién tiene la verdad? Lo que ella dice es verdad, es su experiencia, y no se lo van a cambiar aunque la mediquen o le aumenten la medicación. No está delirando, esto es real. Y por más que le cambien la medicación, sigue siendo real. Ahí pasa a ser una enfermedad crónica. El planteo del libro es que primero se escuche, que se les dé la voz, y que los manuales de psiquiatría deberían allanarse a la nueva realidad que vivimos. También integra la espiritualidad, el tema del ser y el ser humano.
Luego se le pregunta cómo se le ocurrió hacer el libro. Taniamara cuenta que la historia es un poco trágica, que ella toma con humor y quiso contarla para que nadie más pase por esto. No es escritora, es diseñadora gráfica, y buscó ayuda. Cuando necesitamos, hay que buscar ayuda. Consiguió un escritor y juntos compusieron la obra, de la que quedó encantada. Es un trabajo colectivo. Le preguntan si le llevó mucho tiempo y cómo fue la experiencia. Responde que se enfocó primero en que tenía que hacerlo, sin ansiedad, dando los pasos necesarios, y hoy ya es una realidad. La entrevistadora felicita el libro, que es precioso como objeto y también por transformar una experiencia en palabra escrita para que pueda conocerse. Son de los primeros libros en primera persona, no hay muchos, y eso es muy importante porque a veces la palabra escrita va diciendo otras cosas. Se menciona el índice y el recorrido, y se pregunta dónde se está vendiendo, si se puede conseguir en la tienda de la nave, y cómo está yendo. Taniamara responde que no tiene fines comerciales, es más que nada contar la historia, pero que le parecería muy buen aporte que lo comercialice la nave y colaborar en eso. Repercusiones todavía no muchas, porque recién lo está presentando en Montevideo; el año pasado lo presentó en Pan de Azúcar, a fin de año, y de a poquito, sin ansiedad, que vaya tomando su camino. Se plantea buscar una alternativa para medio digital y quizás hacer una presentación en la nave. Tania cuenta que su primer contacto fue con Joaquín, vieron qué era lo mejor y se planteó presentarlo en la nave, pero por determinadas trabas no se pudo, y para no retrasar, lo mejor fue presentarlo hoy en la radio.
Guillermo quiere hacer una preguntita desde la platea y dice que el título le trae a la memoria los años 70, cuando agarró el libro «Las venas abiertas de América Latina», que le causó algo impresionante. Si bien querían cambiar el mundo en los 60, no tenían idea de la realidad, y ese hombre la contó muy bien. Estaba en el penal de libertad y les causó depresión, no le da vergüenza decirlo. Habían llegado a lo que habían llegado, estaban presos, y la realidad era más espantosa de lo que creían. Eran jóvenes, andaban en los 20 años, en los 60 el rock y todo eso, la cabeza era una locura, pero se jugaron a cambiar el mundo. Ese título le trae eso a la memoria. Taniamara responde que un poco era atraer la memoria de todos, es una semilla que está plantada en todos los uruguayos, traer esa memoria.
Se le pregunta a la entrevistada qué es la democracia directa. Tania explica que es un poco volver a la Suiza de América, ver que en Suiza actualmente funciona un sistema de democracia directa y es uno de los países, por no decir el país, con mejor calidad de vida del mundo, de bienestar. Si tenemos un ejemplo que funciona, ¿por qué no replicarlo acá? Es un llamado a esa idea, a esa realidad. Le preguntan qué cosas se podrían cambiar copiando a Suiza. Responde que no va a entrar en detalles técnicos ni políticos, que no es su expertise, pero sí el modelo: ver modelos que funcionan, no hay que inventar la pólvora, ya se ve, ya funciona, hay que replicarlo. Si lo llevamos a salud mental, puede ser Italia con los manicomios, que logró cerrarlos. Copiar un poquito ese modelo. En temas de democracia directa, al hacer partícipes a todos, el individuo tiene un propósito, un sentido; involucrarse nos da sentido a todos. Ese es el aporte de salud mental: ser partícipe, sentirse útil, que te den tu espacio, que te escuchen, poder tomar decisiones, que no decidan por nosotros. Es muy simple pero no fácil de lograr, sobre todo por los sistemas. Cambiar los sistemas.
Luego se leen preguntas del libro: «Comparto mi experiencia y abro debate. Manía bipolar o despertar de la conciencia». Taniamara cuenta que cuando ingresó a una institución de salud mental, fue bajo el rótulo de manía bipolar, una etiqueta. Para ella, lo que le sucedía era algo maravilloso, un superpoder. Aparece el despertar de la conciencia en la búsqueda que hace después de salir de las internaciones, no durante el período en que estuvo encerrada y medicada. Al salir, se pregunta qué es esto que le pasó, porque es algo desconocido y sabe que es real. La única que puede buscar la respuesta es ella. Se engancha con las culturas milenarias de Oriente y encuentra el despertar de la conciencia, lo que el cristianismo llamaría iluminación. Asocia eso que le sucedía, que para nuestra cultura no entra en la cabeza, con lo que llamamos manía bipolar, y lo vincula con el despertar de la conciencia de Oriente o la iluminación. Lo deja abierto a debate.
Se menciona que cuando te internan dejas de ser persona, ya no tenés nombre sino un diagnóstico, sos el de la cama tanto. Por ejemplo, no te llamás más por tu nombre, sos el bipolar de la cama cuatro. Luego Marcelo toma la palabra y dice que va a pecar de ignorante porque no conoce el libro ni a Taniamara en persona. Cuenta que hoy de mañana estaba circulando y tiene algunas manías, por lo general empieza los libros por la parte de atrás. Lo primero que leyó fue el nombre de Tania y lo segundo las preguntas que se abren. Fue al prólogo, que por un tema de tiempo no puede leer, pero que fue lo que le despertó. Él se crió en la cultura de la Suiza de América en otro mundo, en otro país, en otro contexto histórico, por una cuestión económica. La Suiza de América para ellos era porque todavía la guerra existía en Europa y tenían muchas divisas, lo que le permitió al presidente en ese momento y a otro después hacer un modelo económico y lo que conocemos hoy en Montevideo. Le llamó la atención que en esta charla se diga que tendríamos que copiar el modelo suizo. Está bien lo que plantea. Sigue leyendo el prólogo y se interesa más con esto de que en la sociedad en que vivimos y en la cabeza tan estructurada que tenemos, hablar de espiritualidad muchas veces resulta como que no, en esto que es todo lógico, todo económico, todo rápido. El decir un parate, el tratar de conectarse con otras cosas, con civilizaciones y culturas de muchísimos años de experiencia en el trabajo individual y colectivo o social, es un gran debate. Muchas veces limitamos contar lo que nos está pasando emocionalmente. Si bien podemos ser muy racionales, muy técnicos, emocionalmente, sobre todo en este país, esa parte emocional la estamos constantemente reprimiendo. También le gustó cuando Tania arrancó separando la experiencia de la parte técnica, y esto de hay que salir del ruido, conectarte con la naturaleza, para poder elevarte por encima de los razonamientos comunes. Se quedó pensando cuántas veces uno en su casa, en su trabajo o en lo que sea vive su propio infierno. Nuestros propios infiernos son creadores de emociones que, bien discernidas o trabajadas, te llevan a otro nivel de pensamiento, a llevar tu estado a otro lugar donde muy pocas veces podés explicar en la palabra y en lo lógico, porque es una cuestión de sensaciones, tiene que ver más con lo emocional. ¿Cómo explicar que mi propio infierno hizo que yo lograra ver otras cosas? En esas otras cosas entiende esa claridad, esto del despertar de la conciencia. ¿Qué sería un despertar de la conciencia? Lo que algunos han leído, alguna otra teoría, en Asia, en otro lado hablan mucho de esto, puede ser el budismo, no importa. La religión misma. El despertar de la conciencia es que no debe estar condicionada. Sería nuestro despertar, muy difícil de transmitir. Ahí entra esto: ¿cómo puedo transmitir todos esos pequeños infiernos que viví y que me hicieron pasar, en esa lucha de poder brindar al resto un poco más de humanidad? Democracia directa, también término complicado. Quería hablar de que capaces algunos entendemos eso que tiene que ver con ese estado que uno siente a veces de claridad. Cuando las cosas dicen, está, pero esto no es tan así. Pero eso te genera problemas. El tema está en los problemas que te generan. ¿Y cómo podemos resolver en lo cotidiano eso? Porque ya te posicionas cuando te liberás, o sentís que te liberás. Y ahí aparece un problema que tiene que ver con la asociación. Taniamara acota que todos tenemos que ir a eso, transformar los dolores en otras cosas. Creer que es una buena manera el escribir, el escribir no sólo va liberando, sino que también va compartiendo. Es otra manera de comunicación también. La escritura y también de expresar una expresión. Después tenemos otra pregunta en el libro: «¿Medicación o meditación?» Hace un poco a esto de traer la cultura de Oriente, donde ellos meditan, tienen una mente más calma, no sufren de ansiedad. Quizás podríamos evitar muchos problemas si usáramos estos mecanismos, si los integráramos a nuestra sociedad.
Audio de la entrevista:
