04 de julio de 2026

El texto presentado corresponde a una transmisión o encuentro del colectivo cultural Vilardevoz, en el que se da cuenta de su agenda de eventos, su situación financiera, sus emprendimientos solidarios y la importancia de la autogestión en el marco de la salud mental y la economía social.
Uno de los ejes centrales del relato es la reflexión en torno a los convenios y la financiación estatal. Se menciona que Vilardevoz tiene un convenio con el MIDES que, durante dos meses, ha estado interrumpido, lo que ha generado un fuerte impacto económico. Sin embargo, el colectivo ha logrado sobrevivir gracias a su capital humano, su capacidad de organización y la solidaridad, demostrando que no dependen exclusivamente de fondos públicos. Se destaca que, a pesar de la falta de ese ingreso, han podido crecer y ver sus propias fuerzas, y se plantea que cuando llegue el dinero atrasado, se podrá celebrar el tercer aniversario de la Nave (casa comunitaria) y los 29 años de Vilardevoz. También se anuncia un evento de la cátedra de guitarra de Bellas Artes para diciembre, con un desembarco artístico por el cumpleaños del colectivo.
La conversación se detiene en la importancia de la transparencia y la rendición de cuentas. Se valora que contar abiertamente lo que se hace y cómo se utilizan los recursos permite que la gente vea que las donaciones y aportes se retribuyen a quienes realmente lo necesitan. Este principio de honestidad es un pilar del colectivo, que busca evitar cualquier sombra de duda sobre el manejo de los fondos solidarios.
Un tema recurrente es la crítica a las “toxicidades colectivas”, concepto que plantea Alfredo (oyente) y que el grupo retoma: se refiere a aquellos grupos que someten a las personas, niegan sus singularidades y no alojan las diferencias. Frente a ello, Vilardevoz propone un modelo de organización horizontal, donde cada participante es valorado en su individualidad y se fomenta la participación activa, no como mero simulacro terapéutico, sino como una práctica real de trabajo y autogestión.
El núcleo del resumen lo constituye la presentación de los emprendimientos económicos que sostienen a la Nave y al colectivo. Estos son:
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Club de Socios: Fundado en 2017 (aunque con antecedentes de 25 años), es el motor de la autogestión. Originalmente, cobradores como Rubén de la Pesca y Luis Silva recorrían comercios para conseguir sponsors y socios. Hoy, el club permite pagar insumos de la radio y ha sido clave para subsistir durante el corte del convenio. Existen promotores que asisten a eventos para difundir el proyecto y captar nuevos socios, generando ingresos que se reparten entre los participantes y cubren necesidades cotidianas. El club de socios no solo es una fuente de dinero, sino que representa un espacio de dignidad, ya que permite que los integrantes dejen de pedir limosna y pasen a ser parte activa de la economía del colectivo.
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La Tienda y la Feria de Ropa: Funcionan cuando la Nave está abierta (actualmente solo en eventos) y venden productos propios y de colectivos amigos (como Bibliogarrio, Cantón Gráfico, Caleo), generando redes de colaboración. La feria de ropa, realizada con donaciones solidarias, fue un éxito y permitió recaudar fondos y ofrecer prendas a precios accesibles. La tienda no solo es un punto de venta, sino un espacio de intercambio cultural y de apoyo mutuo entre organizaciones.
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La Catering: Emprendimiento de comidas que elabora tartas, escones, budines (de varios sabores) y otros platos a pedido. Participan cocineros como Andrés, Ricardo, Rodolfo y otros, y trabajan a comisión. Se destaca que los budines fueron un éxito en eventos recientes. La catering permite que los participantes recuperen habilidades laborales y sociales, y que puedan ofrecer productos de calidad, generando ingresos para el colectivo. Se enfatiza que el objetivo es hacer cosas “de verdad”, no solo actividades terapéuticas sin retribución económica, como ocurría en ciertos talleres de laborterapia que explotaban a los pacientes sin darles participación en las ganancias.
Un aspecto fundamental que se debate es el sentido del trabajo y la dignidad. Los participantes señalan que el trabajo dignifica, pero solo si es un trabajo digno, es decir, si se da en condiciones justas, con respeto y con retribución. En Vilardevoz, los emprendimientos permiten que personas en situación de vulnerabilidad (muchas con antecedentes de internación o calle) puedan sentirse útiles, recuperar habilidades, aprender a manejar dinero y planificar, y dejar de estar en un lugar de “mendicidad” para pasar a ser sujetos activos que aportan y reciben. Esto se contrapone a la lógica capitalista de fábrica, con horarios rígidos y tareas repetitivas; aquí se valora la flexibilidad, el clima de trabajo ameno y la posibilidad de rotar entre distintos emprendimientos según las capacidades y momentos de cada uno.
La narrativa también subraya el valor de la comunidad y el acompañamiento. Los espacios de encuentro (reuniones para planificar eventos, armar la feria, cocinar) son vistos como una “terapia alternativa”, donde se comparten problemas, se sueltan tensiones y se construyen lazos afectivos. Pertenecer a un colectivo que te contiene y te da un rol social es un antídoto contra la exclusión, y permite que cada uno encuentre su lugar en una sociedad que suele marginar a las personas con padecimiento mental. La idea de “los locos también podemos trabajar” rompe estigmas y reivindica la capacidad productiva y creativa de todos.
Por último, se hace un llamado a la responsabilidad del Estado. Aunque el colectivo demuestra una gran capacidad de resiliencia, se insiste en que los convenios deben cumplirse, porque esa plata permitiría proyectar a mayor escala, pagar sueldos dignos a los participantes, abrir nuevos talleres y llegar a más personas. La autogestión es un logro, pero no debe ser una excusa para que el Estado se desentienda. La transparencia en el manejo de los fondos y la rendición de cuentas son prácticas que el colectivo defiende, pero también exigen que las instituciones cumplan su parte para que el trabajo comunitario pueda florecer sin la angustia de la incertidumbre económica. En síntesis, Vilardevoz es un ejemplo vivo de cómo la cultura, la solidaridad y la organización horizontal pueden generar sostenibilidad y dignidad, incluso en contextos adversos.
Audio de la mesa:
